Malas noticias

Vaya por delante que, por encima de todo, lo importante aquí es que hay un bebé que se ha apagado sin poder conocer a unos papás que estarían deseando abrazarlo, y que ahora mismo estarán destrozados.

Y sí, quizás tomaron una mala decisión, ¿pero no tienen acaso suficiente con eso? ¿Es realmente necesario hacer un juicio público? Y, sobre todo, ¿es necesario usarlos para hacer campaña en contra de algo que no fue realmente la causa de su desgracia?

Estoy hablando de la triste noticia que se ha producido en Vigo: unos padres han perdido a su bebé porque, tras un primer parto en casa con éxito, quisieron repetir la experiencia. El problema fue que este era un parto diferente, el bebé venía en podálica (de nalgas), factor de riesgo, y decidieron tenerlo en casa sin asistencia. Y recalco esto último: sin asistencia.

Leo distintas fuentes y en todas dice lo mismo, algo así como “la noticia reabre el debate sobre la seguridad de los partos fuera de un hospital”. En otro, que me tiene ya un poco harta de su falta de rigor periodístico en estos temas (y su especial predilección por la sanidad privada, lo cual es un dato a tener en cuenta), van más allá y se lanzan a explicar el protocolo a seguir en casos de presentación podálica y dicen lo siguiente: “En este tipo de partos, considerados de riesgo, los médicos suelen ofrecer dos opciones. La primera es una técnica llamada versión, que consiste en que un ginecólogo trata de dar la vuelta al bebé desde fuera en las últimas semanas de gestación. Si esto no resulta se realiza una cesárea para evitar riesgos. Siempre se encuentra presente un ginecólogo en este tipo de partos por si hay complicaciones. El caso de estas familia ha avivado el debate sobre los riesgos de los partos en casa, una práctica poco extendida en España, pero por la que optan algunas mujeres.”.*

Así, con todo el morro. Conclusión: los partos vaginales en podálica no existen, no hay opción. O el nene se da la vuelta, o cesárea. Y además, los partos en casa son malos malísimos.

Pues no, señores, no. Vale ya de difundir información falsa y de mezclar churras con merinas.

Vamos primero con lo del parto de nalgas. Vale, sí, hay un riesgo añadido. Pero se puede tener un parto vaginal. Lo de que si el bebé no se da la vuelta, hay que hacer una cesárea sí o sí, no es verdad, simplemente hay que valorar ciertos factores y tomar ciertas precauciones. El problema, la triste realidad que se quiere ocultar con estos artículos con poco fundamento, es que en España no se forma a los profesionales para atender un parto vaginal de nalgas. Ni más ni menos. Esa es la verdad. Que no quita que pueda acabar en cesárea, ojo, pero de que se puede tener un parto vaginal con un bebé que viene de nalgas, se puede. Con personal preparado, se entiende.

Segundo punto, casa u hospital. A ver, vamos a dejarlo claro ya de una vez (no sé si hay que hacer neones o algo): un parto en casa no es un sinónimo de aberración, ni de padres hippies colgados. Un parto en casa puede ser muy seguro (en muchos casos, se podría decir que es más seguro que ciertos hospitales). En muchos países el sistema sanitario contempla el parto en casa, nadie los juzga, y funciona. Y no, no son países lejanos de nombres extraños. Países europeos, países que están a la cabeza en lo que a calidad de vida se refiere. ¿Cuál es el secreto? Pues que parto en casa no es sinónimo de parto sin asistencia. No es lo mismo. NO-ES-LO-MIS-MO. El parto en casa debe (o debería, que no quiere decir que no sea legal hacerlo de otra manera) realizarse en condiciones seguras, con asistencia de profesionales y tras una valoración. Y ese ha sido probablemente el problema aquí. Que se han juntado una serie de condiciones que no pintaban muy bien (por lo que he leído, que puede que no sea ni cierto, hay que ser prudentes). Y desgraciadamente ha salido mal, muy mal.

Pero voy a ir más allá… ¿hay que culpar a unos padres por tan mala decisión? Bueno, quizás conocían los riesgos, quizás no los calibraron bien. Pero ¿qué empuja a alguien a hacer algo así? Quizás me estoy aventurando demasiado, pero, si luego leemos afirmaciones rotundas sobre que la única opción para un parto, que podría ser vaginal con personal entrenado, es una cesárea, porque resulta que los médicos no saben lo que se hacen, ¿no es acaso el sistema sanitario el que está empujando a la gente a tomar decisiones erróneas, guiadas por la desconfianza?

El perfil medio de usuario de homeopatía es la mujer joven con estudios universitarios. ¿Podemos plantearnos por un momento por qué pasa eso?O, por ejemplo, ¿por qué muchos padres peregrinan de un pediatra a otro, como los hebreos en el desierto, buscando uno que no cargue a su hijo de medicaciones, siguiendo unos razonamientos absurdos? ¿Cuántas veces no vamos al médico porque nos duele la garganta y nos dan un antibiótico a lo loco, cuando perfectamente podríamos tener una infección vírica (y en muchos casos, es lo que más encaja)? El problema es que hay una grave epidemia de desactualización y mala praxis en el ámbito sanitario, y que, paralelamente, la gente tiene un acceso a cantidades ingentes de información y formación. Así que, finalmente, lo que ocurre es que, a poca información y sentido común que se tenga, hay desconfianza. Y miedo. Y como se desconfía, se buscan alternativas. Y las alternativas, a veces salen bien. Pero el problema es que, otras, salen mal. Porque, al fin y al cabo, por informado que uno esté, si no es sanitario ni tiene el asesoramiento de uno, puede asumir riesgos demasiado altos. Y se toman malas decisiones. Y luego, cuando las consecuencias son incorregibles, uno no se lo perdona en la vida.

Así que, sí, quizás se equivocaron, y no precisamente (o exclusivamente) de lugar. Quizás fueron poco conscientes del riesgo que asumían. Pero ellos van a recordar ese error el resto de sus vidas, con un dolor infinito que deseo, de todo corazón, que puedan aprender a sobrellevar. Sin embargo, nadie va a juzgar a un sistema desactualizado, paternalista y agresivo, que provoca desconfianza; o a los medios que difunden información errónea. Y eso tampoco es justo.

Siento si no es un post demasiado bien redactado, pero lo he escrito de forma urgente, con poco tiempo.

Aquí alguna información al respecto:

Sobre el parto en casa: https://www.elpartoesnuestro.es/informacion/parto/el-parto-en-casa-planificado

Sobre el parto de nalgas: https://www.elpartoesnuestro.es/informacion/embarazo/de-nalgas

Sobre por qué el miedo a parir en un hospital: aquí podría poner infinitos, pero bueno…

https://www.elpartoesnuestro.es/blog/2018/11/28/espana-la-cabeza-de-europa-en-partos-instrumentales-publicacion-del-tercer-informe-europeo-de-salud-perinatal-2015

*La cita era del Hola (ya, ya, sin comentarios). Lo digo porque supongo que si cito la fuente, no me caerá un marrón.

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De ginecólogos, matronas, ginesaurios y otras especies.

(AVISO: POST UN PELÍN LARGO)

“El papá me ayudó a sacar al bebé”. Hace unos días, un ginecólogo de una cuenta que sigo pronunció esa frase en un vídeo, hablando de un parto que acababa de atender. Sigo esa cuenta desde hace no mucho, me atrajo porque se trata de una pequeña clínica en la que, entre otras cosas, ofrecen un servicio privado y personal de asistencia a partos en hospitales, y donde hablan mucho de una forma diferente de trabajar, de los partos respetuosos, etc. Los responsables son un ginecólogo y una matrona. En principio el planteamiento está muy bien, partos íntimos, pausados, dando el tiempo y la confianza necesarios a la mujer para lograr un parto natural, tranquilo y sin intervenciones innecesarias.

Hasta aquí, y dejando de lado las opiniones sobre la necesidad de una asistencia privada para asegurarte ese tipo de parto (que ese es otro tema que da para largo), pues bueno, bien. Pero algo empezó a mosquearme.

Resulta que me di cuenta de que con cada aviso de parto, ahí iban los dos juntos al hospital. Vale, dices, una matrona y un gine, ambos respetuosos, por lo que pueda pasar. Pero según comentaban su trabajo, me di cuenta de que algo allí me chirriaba. Y es que el gine no iba sólo para actuar en caso de que algo fuese mal. Iba a atender un parto totalmente normal. Bien, puedo entender que esté presente mientras la matrona hace su trabajo, esperando por si tiene que intervenir. Puedo entender que él asista todo el parto, incluso si este es normal, en caso de ausencia de dicha matrona. Lo que no me acaba de convencer es que, en presencia de matrona, esta actúe casi como “asistente” de él, y es un poco la sensación que me da. Las matronas no son las enfermeras que prestan apoyo al ginecólogo o que le preparan el terreno. Tienen su propio papel y actuar de otra manera por sistema, aún siendo de manera respetuosa hacia la madre, lo veo un poco intrusismo profesional. Ahora que si ellos han decidido trabajar así y ambos están de acuerdo, son libres de hacerlo; también se han dado casos de ginecólogos que se han dedicado a la asistencia de partos en casa.

Lo que pasa es que, aún aceptando lo anterior, la frase que menciono al principio, acaba por estropearlo todo. ¿“Me ayudó a sacar”? No sé, llamadme quisquillosa, pero es que suena como si la mujer ahí fuese un vehículo para un fin. A mi modo de verlo, es el profesional, matrona o ginecólogo, el que está ayudando a la mujer a parir. Es ella el centro de la situación, es ella la protagonista. El profesional está de apoyo, de guía, de refuerzo. Pero es ella la que está haciendo el mayor trabajo. Eso de “yo saco a un bebé”, denota un poco (aunque sea de manera inconsciente) la forma en la que se ve el parto. ¿No sería lo mismo decir “entre el papá y yo ayudamos a sacar al bebé”? Parece casi lo mismo, y sin embargo, la connotación es diferente. En el primer caso, es el que habla el que lo está “sacando” (uf, aún así, me suena un pelín raro, pero no nos vamos a complicar), el que está haciendo el trabajo, con la ayuda del padre; en el segundo, el profesional y el padre ayudan a la madre a hacer lo que está haciendo. Bien es verdad que puede ser simplemente una frase desafortunada, así que lo puedo ignorar. Pero a lo que voy es a que creo que los detalles importan (otro día os contaré “detalles” muy feos que he visto como estudiante en el hospital). Detalles tontos a veces, pero que no lo son tanto. Como detalle sería también, que aclarasen que lo que ellos hacen no es (o no debería ser) lo habitual y que realmente él está yendo más allá de sus funciones, por puro amor a ese trabajo (que yo lo entiendo) y supongo que por acuerdo mutuo.

Porque el problema es que luego pasa lo que pasa, y es que, hasta los que buscan un parto natural, tienen en mente que la presencia de un ginecólogo es necesaria, que es él el que debe atender un parto normal, porque es el mensaje que se transmite. “Pero entonces, ¿no tiene que haber un ginecólogo siempre?” me preguntó hace poco un amigo a los pocos días de que su mujer pariese. “Noooo” contestamos a la vez una amiga que es matrona y yo, poniendo casi los ojos en blanco. Y es que no era la primera vez que lo decíamos, pero nada, la gente erre que erre. Claro, luego pasa que si el ginecólogo de turno que te parecía tan imprescindible, no es tan guay como el de la cuenta de la que os hablo, pueden ocurrir cositas. Alguna se habría ahorrado una Kristeller, por ejemplo. Ojo, no digo yo que todas las matronas sean geniales ni que todos los gines sean terribles (yo misma entré en Medicina queriendo ser gine, y en ambos lados hay personal maravilloso y terrible), pero cuando pones un proceso natural en manos de personas cuya formación suele ir orientada a solucionar problemas y a enfocar el parto desde el punto de vista de que es un proceso potencialmente peligroso, corres ciertos riesgos. Si encima añades el factor de que en muchas facultades se fomenta demasiado la idea de que el médico es el rey del mambo, pues para qué queremos más.

¿Y por qué pasa esto? Bueno, en el tema de por qué los médicos tienden a tener una forma diferente de trabajar profundizaré otro día (insisto, no todos, hay personas maravillosas, yo hablo de un gran porcentaje, desde mi percepción como alumna e incluso como paciente). Pero a lo que iba: ¿por qué la gente sigue tan desinformada al respecto de las funciones de unos u otros profesionales? Para empezar, creo que eso es algo que pasa en todos los ámbitos; no tenemos ni idea de todas las profesiones que existen, ni de en qué consiste exactamente cada una (así hay gente que llega la hora de elegir qué estudiar y van como pollo sin cabeza). Sin embargo, en el ámbito sanitario es más una cuestión cultural.

En primer lugar, la figura del médico es como la de una vaca en La India, sagrada. Existe un respeto y adoración casi religiosa por parte de los pacientes en general, que alimenta el ego de muchos de ellos, y viceversa (es como un proceso de retroalimentación), y que se transmite generación tras generación. Así que, ¿cómo me dices que me va a atender una matrona, una simple enfermera (de toda la vida, las secretarias de los médicos), y no un ginecólogo, todo un profesional que ha acabado la carrera de Medicina? No, no, yo quiero un médico, lo de la enfermera es de pobres. Sí, sí, puede que os riáis con esta última frase, pero es que en el fondo es un poco así. Y ya si se trata de elegir entre una matrona joven y un ginecólogo con 30 años de experiencia, ni os cuento.

Porque claro, coged el Hola (ojo a mi faceta maruja). Buscad la última celebrity española que haya dado a luz. Para empezar, lo habrá hecho en una clínica privada, en eso no vamos a entrar. Pero muy probablemente algún punto de la noticia rezará algo así: “el parto fue atendido por el equipo del Doctor Menganito”. Según el sitio donde viva la susodicha, existe la posibilidad de que en vez de el “Doctor Menganito”, a secas, añadan algo así como “el mismo que atendió a Fulanita de Tal” (ejemplo, aquí el apellido del doctor Menganito puede empezar por R y a Fulanita de Tal casualmente le tuvo que hacer un costurón un par de veces, y a unas cuantas más también, pero “eh, yo voy a propósito a que me atienda ese señor”). En los reportajes más afortunados encontraréis incluso foto de los felices papás junto al ginecólogo o ginecólogos de turno. Ni rastro de matronas. Bien es cierto que muchos (muchísimos, en serio, muy sospechoso todo) de los partos de las famosas acaban en cesárea y por tanto entiendo la foto. Pero es que las que dicen haber tenido un parto natural, hacen lo mismo. Entonces, ¿qué se nos está vendiendo? Que las personas de bien, de pedigree y/o de posibles, son atendidas por médicos, no por enfermeras de pacotilla. Es un poco la primera y la segunda división del fútbol sanitario.

¿Y entonces? Pues que el ciudadano de a pie también quiere al doctor Fulano. Si puede permitirse pagarlo en la privada, ahí se va. Si va a la pública pero conoce al doctor Mengano porque es primo del vecino de al lado, pues se le pide el favor. Y, aparte del hecho de que se esté infravalorando a buenas profesionales por una cuestión de elitismo y desinformación, ¿cuál es la peor consecuencia?

En mi opinión, que en muchos casos (estoy hablando siempre de pacientes que no se han informado debidamente, que siguen siendo muchos), esa idolatría hacia el médico hace que no se analice si algo no ha salido todo lo bien que podría. El bebé está bien y la madre también, o al menos están vivos. “Son médicos, saben lo que hacen”. El trato, los protocolos obsoletos, no se cuestionan. O si se hace, se deja correr. Como mucho, al próximo bebé me voy a otro hospital, menos intervencionista y con mi plan de parto. Que lo entiendo, oye. Pero seamos realistas. Si los médicos de determinado centro no quieren cambiar, y no sienten la necesidad porque nadie exige que lo hagan, las cosas no se pueden mejorar. Y es una pena. Las cesáreas respetuosas, por ejemplo, existen. ¿Pero en cuántos hospitales se practican? ¿Cuántos médicos estarían dispuestos a modificar su forma de trabajar en favor del bienestar físico y psicológico de paciente y bebé, en detrimento de su zona de comfort? Es muy posible que no tantos como matronas sí lo harían (y lo hacen) cada día. Pero aunque así fuese. Los médicos saben lo que hacen, sí, pero ellas también, y no menos que los primeros. No tienen menos méritos, no están peor preparadas, no son la segunda división. Simplemente tienen áreas de trabajo complementarias, el problema es que esto queda un poco difuso cuando los unos se meten en el terreno de los otros. Son un pilar más en la gran construcción que es la sanidad (y esto va también por las enfermeras en general, y el resto de profesionales del ámbito sanitario).

Y con esto llego al final por hoy (menos mal, ¿no?). Siento si es demasiado, aunque el que avisa no es traidor, y si no está demasiado bien escrito, pero tengo el cerebro frito y poco tiempo estos días (ya sabéis que uso esto para evadirme a ratos).

Un saludo y hasta el próximo tostón.

 

PD: Uso el término “médico” en masculino y el de “matrona” en femenino por simple “comodidad lingüística”. En ambos casos, esot hablando de ambos sexos en el término.

“¿And who am I?”

Pues sí. Resulta que soy una de esas personas que tienen un blog. ¿Soy una blogger? Supongo. Qué fuerte. El caso es que creo (se dice, se cuenta, se rumorea) que la gente cuando empieza un blog, se presenta y cuenta sus intenciones. Que de qué va a ir el blog, que por qué lo escribe… Así que allá voy.

Me llamo Alba, tengo 27 años, la gente suele conocerme por “la chica bajita de pelo rizo” y estudio Medicina. 27 años y estudiante, sí, sí. Y no porque haya hecho ciclos o haya estando ahorrando para pagarme la carrera, no. Es que soy la estudiante-tortuga. Y encima con más alma de matrona que de médico, creo yo, y aquí estoy. Vaya tela. Pero soy persona de bien, lo juro. Otro día os lo explico, hay que mantener el misterio (y el repertorio).

El caso es que me gusta escribir. Me relaja, me sirve de terapia. Pero es que además, me expreso mejor por escrito que oralmente. Mucho mejor. Pero mucho, mucho. En serio, mucho. Ojo, que no digo que sea un Premio Nobel de Literatura. Lo que digo es que en muchas ocasiones es abrir la boca y parecer imbécil. Muy imbécil. Pero mucho, mucho. En serio, infinito. Yo no sé, pero sospecho que mi cerebro aprovecha algunas de mis charlas para echarse una siesta (o unas risas). Y ya si estoy nerviosa, apaga y vámonos. Pero, en realidad, tan idiota no soy, o eso me han contado (un test de inteligencia me avala). Así que dije “oye, pues puedo demostrarlo de alguna manera”. Y nada, blogger.

Bromas aparte, la razón principal para empezar esta aventura es que me apetece expresar lo que pienso, y me apetece creer que a alguien le interesará lo que tengo que decir. No sobre un tema en concreto, sino sobre muchos. Y es que los blogs temáticos son geniales: blogs de cocina, blogs de maternidad, blogs de moda, blogs de literatura… me encantan. Pero yo quiero otra cosa. Yo quiero hablar un día sobre mis inquietudes vitales y otro día sobre una noticia que me indigna. ¿Por qué no aprovechar y poner un poco de orden en esta cabeza que cuando tiene una opinión la rumia durante días y noches (y le regala a su dueña unas ojeras de oso panda estupendas)? ¿Por qué no demostrar, de paso, que la gente joven tenemos mucho que decir, mucho en lo que pensar, y que, aunque nos interese especialmente un tema, no significa que no tengamos opinión sobre otros? Ya, vale, “27 años, gente joven, juas”. Pero es que desde que empecé con la idea hasta que la he hecho realidad, ha pasado tiempo. Mucho. Pero mucho, mucho. Yo es que soy una gran procrastinadora. Pero la mayoría de las ideas que tengo ahora las pensaba hace años ya (o como mínimo existían en forma de germen y han evolucionado, como los Pokémon), así que ni tan mal. Y vale que ya no tengo 18, pero joven, que yo sepa, aún soy.

¿Entonces? Pues nada, que aquí estoy. Que os he soltado un discurso tremendo para no decir nada, cual político. Así que, si me habéis leído hasta ahora, os merecéis que al menos haga un resumen de qué es lo que podéis esperar leer por aquí. Como he dicho, estudio Medicina. Mi intención siempre fue hacer Ginecología y Obstetricia, me encantan los niños, he trabajado de niñera y los grandes amores de mi vida son mis sobrinos, por lo que todo lo que gira alrededor del parto, la maternidad, la crianza, etc. me interesa. De hecho, diría que soy bastante friki de estos temas, así que podéis esperar alguna que otra entrada sobre ellos . También, como estudiante, soy bastante crítica con el sistema educativo, con cómo nos han enseñado a aprender y con cómo muchos grandes talentos se han desperdiciado por no saber extraer su potencial. Por otra parte, soy una persona con fuertes opiniones sobre la sociedad que nos rodea. No soporto la desigualdad, el machismo, el elitismo… las injusticias, en general. En definitiva, soy una tía normal (la intención es lo que cuenta, ¿vale?), que no subirá fotos de looks de revista ni de grandes viajes, que no tiene hijos, ni una posición influyente, ni ha acabado una carrera. Sólo soy una tía con un puñado de ideas y, como decía la canción (y de ahí el nombre de este despropósito) “yo quiero saber de todo un poco”, y opinar en la medida de lo posible.

Y si por un casual alguien está leyendo esto y se está preguntando de qué canción hablo… Haz el favor, ponte a ver Dirty Dancing ya. Porque no haber visto Dirty Dancing es un pecado. Porque da igual si no te gustan las pelis románticas, si no te gusta el baile o si no babeas al ver a Patrick Swayze porque eres un chico heterosexual (que tampoco es que me parezca una excusa muy sólida, pero oye, allá tú). Dirty Dancing es un clásico y hay que verla. Obligatorio. Y a quienes ya la habéis visto, pues siempre podéis repetir, que nunca está de más. ¡Correde, bulide (¿he mencionado ya que soy gallega?)! Id al videoclub más cercano o al estante de vuestra casa donde están esos VHS que ya nadie ve (más o menos a la altura del vídeo de vuestra comunión).

Mientras tanto, pensaré en qué contaros la próxima vez, si es que aún tenéis ganas de leerme.

Welcome to my life.

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